miércoles, 14 de mayo de 2008

La sed creciente de Coca Cola



Ummm… aahhhh… Glupss.. Cada día, más de mil millones de latas o botellas de Coca Cola se consumen en un mundo eternamente sediento del adictivo burbujeo con cafeína. Compañía maga de las relaciones públicas, estrella de las campañas publicitarias más cool, símbolo de la democracia universal, estandarte del sueño americano y dueña de la fórmula más secreta y más codiciada… el gigante Coca Cola goza de una reputación intachable.

Desde su fundación en 1886, su tamaño ha ido creciendo imparable hasta convertirse en la marca más reconocida y una de las más admiradas del planeta, ejemplo de estrategia empresarial en las mejores escuelas de negocios. Un impacto 9,9 en la escala Adam Smith que no se limita a la economía. Papá Noel era verde, de la Laponia finlandesa, hasta que llegó la máquina de hacer dinero de Atlanta y lo vistió de rojo. Desde entonces, la mitad de la tierra está convencida de que el barbudo Santa Claus nació a la ribera del Mississippi, habla con acento de Georgia y pasa las noches frías inyectándose la chispa de la vida en vena.


Sin embargo, detrás del cosquilleo en el estómago, la botella estilizada y el limoncito dentro del vaso en una mesa de una terraza, la macroempresa de Atlanta parece que tiene varios retratos de Dorian Gray, guardados con doble candado en la nevera de sus oficinas. Según la ONU, más de 1.100 millones de personas, el equivalente al 18% de la población mundial, encuentra dificultades para abastecerse de agua, a lo que contribuye con su granito de arena la súper Cola. La política de la empresa abraza el colonialismo y se hace con los recursos acuíferos de ciertos países pobres –unos tres litros de agua se necesitan para producir un litro de Coca Cola-, en detrimento del desarrollo sostenible y, puesto de forma menos poético, jodiendo vivo al agricultor. Además, se acusa a la compañía que nos muestra todo de color Disney de reiteradas prácticas antisindicales, con denuncias en Pakistán, Nicaragua o Colombia, ahí incluso con los paramilitares de por medio.

Coca-Cola asegura que cumple con las “normas éticas más exigentes” y “que es una empresa ciudadana de primera clase en todos y cada uno de los países donde trabaja”. Pero siguiendo el dogma del apostol Michael Moore, hay que desconfiar de la buena fe de las multinacionales. Os Bobolongos ha recibido un informe del brillante agente Queco, procedente de la ONG británica War on Want; algo así como Guerra a querer, guerra a lo que se quiere, al compulsivo deseo de poseer/comprar/esquilmar. Aunque el texto es de hace tiempo, merece la pena leerlo (link al terminar la noticia). War on Want centra sus campañas en combatir la pobreza, reivindicar el comercio justo o las acciones puntuales contra iniciativas filofascistas, como el muro de separación que construye y amplía sin desmayo Israel para aislarse de los palestinos.


Hay que coger toda ONG con la distancia oportuna, siendo consciente de que demasiadas parecen llevar el fuego sagrado de la justicia verdadera y muchas de ellas son tapaderas para hacer dinero o beneficiarse del sistema al que supuestamente critican. En este sentido, War on Want parece bastante confiable, con el apoyo de gente legal como Naomi 'No Logo' Klein. La misión de la asocación británica consiste en “ofrecer apoyo a la gente en países en desarrollo en su lucha contra las causas de la pobreza, así como informar e inspirar a aquellos en países ricos para que desafíen las estructuras globales que contribuyen a mantener la pobreza en todo el mundo”. Vamos, vigilar la responsabilidad corporativa de las grandes multinacionales, confrontar su marketing de buenos samaritanos con las prácticas empresariales reales.

Aquí os dejamos un link al 'Informe Alternativo' de Coca Cola, uno de los tres de la serie que han publicado hasta el momento, y de los que seguramente informaremos más adelante.


Lee y disfruta el informe sobre Coca Cola que preparó War on Want

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