sábado, 27 de diciembre de 2008

Pausa Navideña


Con motivo de las entrañables fiestas navideñas, y después del shock sufrido tras el discurso del Monarca, este ágora estará seca de nuevas noticias durante un par de semanas, hasta el advenimiento de los otros monarcas (igual de falsos).
Estar atentos, porque en 2009 llegará la versión 2.0 de Os Bobolongos. Nuevo diseño del blog, contenidos actualizados y sorpresas a tuti plen. ¡¡No os lo perdáis!!

lunes, 15 de diciembre de 2008

Zapatos de destrucción masiva


Uve doble, el vaquero de la Casa Blanca, disparado.
Acostumbrado quizá a refugiarse del fuego continuo de la otrora prensa amiga, W. esquiva un proyectil-zapato con reflejos de pantera, demostrando que mantiene intacta la velocidad con la que pidió a Bin Laden vivo o muerto o declaró "Misión Cumplida" en 2002, sentado sobre el polvorín en llamas de Irak. No una sino dos veces, virando raudo a la derecha, George se contornea para evitar el impacto de la granada textil, que representa el mayor insulto que uno puede hacer a alguien en el mundo árabe, sólo superado por las palabras lanzadas: "Este es el beso de despedida, perro", el animal impuro por excelencia de los musulmanes. El guardián de la democracia sortea la afrente física, pero, cual vertiginosa combinación de jabs de Alí, los zapatos golpean la bandera de Estados Unidos, apostada detrás. No hay heridas para George, sí una carga de profundidad en las barras y estrellas. Metáfora de su legado de lluvia ácida: no habrá juicio para el cowboy, sí un socavón de profundidad Gallardoniana en la ya maltrecha autoridad moral de la política exterior de EEUU.

Uve doble, el cruzado contra el terrorismo, señalado.
"¿Y qué si me han lanzado un zapato?", le espeta con cierto aire displicente a otra periodista iraquí, minutos después cuando se reanuda la rueda de prensa. Eso, ¿y qué si el 11-S y Sadam tenían menos conexión que la cúpula de IU con sus bases? ¿Y qué si no había armas de destrucción masiva? ¿Y qué si nos inventamos tres horas de datos falsos y burdos montajes en las Naciones Unidas, apoyados en la fabulosa interpretación de Colin Powell? Si el zapato de Nikita Khrushchev, golpeando a sus fantasmas en la tarima de la Asamblea General de la ONU en 1960, es una de las imágenes de marca de la guerra fría, los zapatos al aire de Muntazer al Zaïdi serán el vídeo en Youtube más buscado para resumir la ilegal invasión de Iraq.

Uve doble, el tarambana neocon, emboscado.
Convertido ya en héroe del mundo árabe por obra y gracia de la aldea global, Muntazer desnuda la fragilidad del emperador. En su única y furtiva salida del búnker de la zona verde de Bagdad, W. se enfrenta a la Intifada de un periodista nativo, que cambia piedras por zapatos. Un redactor antes ejemplo de "equilibrio y mesura" para sus colegas, ahora militante de la religion del odio en su teclado, nueva muestra del daño colateral de una guerra indencente. Vícitima de un secuestro exprés hace unos meses, con dos hermanos caídos en la guerra civil larvada que estalló en el país, al amparo del caos post ivasión. El periodista agresor transformado en icono del pueblo, con más de doscientos abogados haciendo cola para defenderle, y responsable indirecto del primer encuentro en años entre chiís y sunís. El movimiento del líder chiíta Moqtada Sadr le eleva a "héroe nacional". El Consejo Sunita de Ulemas se suma al elogio encendido de un "momento histórico", que muestra al presidente de EEUU lo que "los iraquíes piensan de la ocupación". Por una vez, Uve doble lo consigue, y se transforma así en el unificador.

jueves, 11 de diciembre de 2008

¡Despertad, despertad, malditos!


Con la polución que sale de una gruesa chimenea de una fábrica se abre La cuestión humana (Nicolas Klotz, 2007). Una imagen que se repite a lo largo de la historia y que sirve de indisimulado paralelismo entre las dos realidades que la película nos presenta escalofriantemente unidas: la alienación actual del individuo dentro del mundo corporativo y el papel jugado por la mayoría durante el Holocausto judío. Hilado por este arriesgado juego de símiles y envuelto en la tradicional adicción del cine francés por el discurso, el filme flota hipnótico y turbio por encima de sus cargas –excesivo metraje, abuso de la voz en off, epílogo innecesario por redundante– para dejar profunda huella con su desfaforado (y subterráneo) alegato en favor de la dimensión emocional, librepensadora y solidaria del hombre. Aparcando la retórica, una defensa a gritos silenciosos de la cuestión humana.

La película es una suerte de viaje postmoderno al corazón de las tinieblas de Conrad, con esbozos de la búsqueda detectivesca del Mr. Arkadin de Orson Welles y la guerra de guerrillas contra el capitalismo salvaje presente en enfant terribles de la literatura francesa como Michel Houellebecq y Corinne Maier, ésta desde una visión mucho más socarrona y ligera (leer el fantástico perfil de esta autora en La inquieta mirada).

Y es que Francia, con su ahora en retirada excepcionalidad cultural, ha sido siempre una barricada contra el sistema económico anglosajón. El hexágono supura cierta cierta hostilidad frente al capitalismo neoliberal. Desde la derecha gaullista y postgaullista, pasando por el populismo pragmático de Sarkozy y la desinflada izquierda socialista, la clase política comparte la visión jacobina de un estado fuerte, centralizado, con un potente sector público y un estado del bienestar sólido. Una alternativa al fin de la historia que anunciara Francis Fukuyama, la muerte de las ideologías y el reinado perenne de una (aparente) democracia liberal que todo lo puede, que todo lo arregla, que a todos, al menos en el primer mundo, satisface.

Viaje al corazón de la multinacional

Esta rebeldía intelectual frente al sistema del Dios mercado y de denuncia de la alienación marxista del individuo recorre los fotogramas de La cuestión humana. La historia arranca cuando a Simon (Mathieu Amalric), psicólogo en el departamento de recursos humanos de una gran multinacional, se le encarga la misión confidencial de hurgar en la vida del director general de la empresa, al que otro jefazo cree trastornado mentalmente: llega tarde, bebe más de la cuenta, se queda pasmado en el coche escuchando música…

Bajo esa pátina de thriller, discurre la corriente principal de la historia, la silenciosa abdicación del ser humano de los rasgos que lo hacen humano, la sumisión a un sistema que todo lo codifica, lo numera, lo eleva o aplasta en función del rendimiento económico. La pérdida de la empatía emocional, de la disgresión, de la ira, de la euforia... La deshumanización que empieza a través del nuevo lenguaje tecnócrata que todo lo impregna, que eufemiza hasta el mayor gesto de crueldad. Es la jerga del universo corporativo que domina el protagonista, que con la eficacia de un funcionario educado pero amoral organiza juegos de rol y salidas a raves con los jóvenes ejecutivos, con el objetivo de detectar sus debilidades en las situaciones extremas.


Pero, a medida que avanza su investigación, Simon se irá convirtiendo en el cazador cazado. Cuanto más indaga en los por qués del resquebrajo emocional de ese director general, la medida existencia de Simon comienza a tambalearse con la aparición de una conciencia humana. El cuestionamiento de sus propios métodos profesionales –juega a humillar a los candidatos en los procesos de selección– se multiplica cuando va descubriendo la inquietante similitud entre las actitudes que adopta en su trabajo de recursos humanos –incluido el lenguaje técnico- con un tenebroso hecho del pasado. El descenso al infierno del protagonista, acompañado de una voz en off cada vez más fantasmagórica, tiene su clímax en el encuentro con otro personaje casi espectral, símbolo de un mundo ya perdido. Un personaje que esconde la llave para resolver el enigma de la trama de la película, y que entrega el alegato humanista principal del filme, a través de la recuperación del lenguaje verdadero.

Toda la puesta en escena del filme subraya la claudicación vital de la sociedad contemporánea. Las paredes desnudas del apartamento del protagonista, las oficinas neutras y sin cualquier punto de brillo. Las raves semi angustiosas, confusas... los ascensores siempre repletos... Tampoco hay familias, sólo ejecutivos. No hay verdaderos amigos. Treintañeros de sueldo razonable, que pasan por la vida sin mojarse, aumiendo su papel de comparsa en el teatro de títeres, envueltos en relaciones sexuales abruptas y emocionalmente asépticas. Sin compromiso. Sin conciencia política. Sin empatía por el prójimo en peor situación.

La rabia anti sistema de la película nace de un guión de Elisabeth Perceval, basado en la novela homónima de François Emmanuel, y de la dirección de Nicolas Klotz, que con esta película cierra su trilogía sobre la exclusión social tras Paria (2000), premio especial del jurado del Festival de San Sebastián, y La biessure (2004). La película se presentó en el Festival de Cine de Cannes, dentro de la Quincena de los Realizadores, y Mathieu Amalric, el espléndido y versátil protagonista (Quantum of Solace, La escafandra y la mariposa, Múnich, Maria Antonieta, Lundi Matin), consiguió el premio al mejor actor en el Festival de Gijón en 2007.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Aconfesional

En España se generan debates que son realmente surrealistas. Lo mejor es que la gente piensa que por gritar más alto y repetir mucho sus argumentos, sus opiniones son mas legitimas y convencen más. Y llegan de nuevo las dos Españas de Machado (que según algunos políticos no existen, ja,ja,jaa!) para repartirse guantazos dialécticos con el crucifijo si, el crucifijo no.

Desde que salta la noticia la marea de opiniones se extiende y empieza todo el mundo a decir gilipolleces sin ceñirse al tema puntual. España es un Estado aconfesional y así se voto hace 30 años al aprobar la Constitución que, conviene recordar, fue aprobada por la inmensa mayoría de los ciudadanos. Por eso, un juez le ha dado la razón a la Asociación Cultural Escuela Laica de Valladolid que había solicitado la retirada de los símbolos de un colegio público. El magistrado aclara en la sentencia que la presencia de símbolos religiosos en estas aulas "vulnera los derechos fundamentales recogidos en los artículos 14 y 16.1 de la Constitución". Son los crucifijos lo que se retira porque es lo que hay, pero se retirarían todos los símbolos religiosos que estuvieran presentes en las clases. El Juez añade "El Estado no puede adherirse a ningún credo religioso ya que no debe existir confusión alguna entre los fines religiosos y los fines estatales". No se deben confundir las cosas, (por enésima vez) se habla de lo público (por reenésima vez), si alguien propusiera quitar esta simbología de una universidad privada, o de un colegio católico, estaría proponiendo no solo una barbaridad, sino algo fuera de la ley.

Una pregunta ¿A quién perjudica la retirada de estos crucifijos? ¿Es necesario para un católico o cristiano tener ese crucifijo presente en ámbitos que no son privados? Entiendo y respeto su simbología y lo que representa para un cristiano, pero no todo el mundo ha de verlo positivo o maravilloso si se lo encuentra en un espacio no religioso. Aun siendo mayoría quien lo venera, la sociedad ha de respetar a la minoría que lo ignora e incluso a la que no lo comparte (y porque no, rechaza). Y el estado y sus leyes han de ser los garantes de este cumplimiento.

El Cardenal de Toledo, monseñor Cañizares, tras saber de la sentencia afirmo que padecemos una ola de “cristofobia”. Esto es demagogia. Aquí no se trata de odiar una confesión o religión, se trata de cumplir una de las pocas cosas que compartimos todos como es la carta magna. Las leyes y tradiciones cristianas, judías, musulmanas, o de cualquier religión se han de aplicar en lo público en los estados que son confesionales, y en los que no lo son, aplicarlas dentro de los templos, lugares de culto que corresponda, el hogar y mentalidad de cada ciudadano que así lo desee. Si una niña lleva un crucifijo, un pañuelo, la cruz de David, o una camiseta de camela, no se le arrebata, se respeta, como no podría ser de otra manera y como defiende la constitución. Lo que no se debe hacer es dejar a uno de esos símbolos presidir, en solitario, un espacio que es público y aconfesional. Cada cosa en su lugar.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Los huevos de oro


El capital es dinero y productos básicos.

Y al ser valor, ha adquirido la capacidad oculta
de incrementar su propio valor.
Así se multiplica sucesivamente, o, al menos,

pone huevos de oro
.

Karl Marx, El Capital

Algunas partes del pensamiento de Marx
no son realmente tan malas
.

Peer Steinbrueck, ministro de Finanzas de Alemania

La cifra: 3,800,000.000.000 millones de dólares. En corto, 3,8 billones de dólares. Gracias al trabajo de la cadena de televisión estadounidense CNBC, ya se le ha puesto cifra exacta –por ahora– al dinero desembolsado por el gobierno de EEUU para subvencionar a las corporaciones y al sector financiero del país. El explosivo cóctel nace de la suma de dinero presupuestado, gasto actual, garantías, préstamos, permutas financieras y otros mecanismos del mercado adoptados por la Reserva Federal, la Tesorería y otras oficinas gubernamentales durante el último año. La CNBC advierte que ha calculado todos los desembolsos asociados directamente a la crisis financiera, así como otros que, aún de forma indirecta, posiblemente estén relacionados con ella. Ajustada a la inflación, y según los datos del citado medio, la apocalíptica cantidad ya supera lo gastado por EEUU a lo largo de toda la II Guerra Mundial.

Para seguir coloreando el interior de las letras de la palabra asombro, la cadena ABC aportaba nuevos datos entre los escombros del basurero de injusticia. En 2007, las cinco mayores compañías financieras de Wall Street –Bear Stearns, Goldman Sachs, Lehman Brothers, Merrill Lynch y Morgan Stanley– pagaron un récord de 39.000 millones de dólares en bonos y opciones sobre acciones (stock-options) a sus directivos. Teniendo en cuenta que el Gobierno de EEUU regaló 2.900 millones a J.P. Morgan para que comprase y supuestamente salvase Bear Stearns, la estafa adquiere proporciones de mamut de la era glaciar. Sin embargo, reunidos en territorio del Emperador el pasado fin de semana, los Gobiernos de más potencial económico del mundo decidieron seguir dándole a la máquina de hacer billetes de Washington para sacar de la indigencia al sector financiero, imprimiendo verdes con más aguante que el conejito de Duracell. ¡Liquidez y al abordaje! Porque como la gente no siga abrazando el endeudamiento como forma de vida, se acabó el chiringuito.


Faemino y Cansado* en el G-20

La cumbre del G-20 + España y Holanda venía precedida de dos grandes episodios humorísticos. El primero, las dos semanas largas de lucha titánica del Gobierno Zapatero por estar presente en Washington, relatadas con pasión por los medios de comunicación patrios. El destino histórico de España parecía estar en juego. “Ir supone un salto cualitativo en la posición de España”, soplaba la fanfarria el secretario general del PSOE, Pepe Blanco. Un orgullo patriótico que sonaba demasiado a la sentencia imborrable de Aznar, tras el encuentro en las Azores que decidió la invasión ilegal de Iraq: “España ha recuperado su papel en la historia”. Carlos V y Felipe II brindaban con vino en el otro mundo. A modo de culebrón, que si un guiño de Sarkozy por allí, un desplante de Bush por allá, una mano de Lula allende los mares... por fin nuestro presidente pudo acudir a la reunión de reuniones e incluso estrechó la mano de Bush. Y los medios tomaron la instantánea largamente buscada por el líder del PSOE, humillado reiteradamente por el Emperador después de su osadía de retirar las tropas de Iraq.

Precisamente George W. Bush, ese brillante estadista tan querido en este blog y que da color a su cabecera –aunque ya por muy poco tiempo–, fue el protagonista del segundo sketch desternillante alrededor de la cumbre. En las semanas previas a su celebración, el presidente de EEUU mantuvo una conversación telefónica con Kevin Rudd, primer ministro de Australia. Rudd es un socialdemócrata que fue elegido el año pasado para separarse de las políticas de sumisión al Imperio del anterior líder conservador.

Pues bien, en un momento dado de la charla con acento tejano, mientras Rudd le insistía a Bush que la mejor respuesta a la crisis era apostar por una reunión del G-20 en lugar del G-7, George hizo una pausa y preguntó a su homólogo australiano: “What’s the G-20?...” A lo que Rudd apostilló: “Qué va, qué va, qué va… ¡yo leo a Kierkegaard! Bueno, vale que Sarah Palin confunda los conceptos país-continente y que no sepa que África (¿ese trozo enorme de tierra al Sur, donde hay muchos negros?) pertenezca a la segunda categoría. Venga, aceptamos gobernadora de Alaska con el cerebro de un pingüino como política de compañía. Pero que nuestro Geoooooooorge no sepa qué es el G-20 (G-7 + UE + países emergentes)... venga, que lleva ocho años como presidente del mundo. ¡Y joder, que no es la primera vez que se reúne con líderes en ese formato!

En fin, enojado por la filtración de su terrible ignorancia –que se le atribuye al líder australiano-, Bush ofreció una gélida bienvenida a Rudd en la pasada cumbre y, en otro gesto de sutileza, ordenó retirar la foto de este encuentro de la web de la Casa Blanca. Poco después, algunos blogs de internet en EEUU se dieron cuenta de la incongruencia –21 fotos de Bush estrechando manos y la clamorosa ausencia del premier australiano-, y ayer la foto de Bush junto a Rudd volvía a aparecer en la página.

Y la nave va, aunque la gente se ahogue

Apartando –no por mucho tiempo– la figura bi-dimensional del monstruo de las galletas, la cumbre del G-20 fue todo un éxito, según sus participantes. Los políticos allí presentes aseguraron haber avanzado en su objetivo principal: extender una suave alfombra persa que reflote las entidades financieras, para que el crédito vuelva a fluir por las arterias de la economía. De las ambiciosas medidas originales, reforzar la transparencia y ampliar la información sobre los emisores, incluyendo la de los fondos de inversión, limitar los sueldos de los altos directivos, evitar la venta de acciones a corto plazo que buscan un beneficio meramente especulativo o reformar drásticamente el sistema bancario, nada de nada. Un etéreo compromiso de reforma y fortalecimiento de los mercados financieros, pero advirtiendo que la responsabilidad es de cada país y que hay que evitar, por contraproducente, la regulación excesiva.

En el lenguaje aséptico e inodoro financiero, se trata de pulir las asimetrías. Como evitar los daños colatelares en las guerras o reducir las bajas por fuego amigo. Es decir, que Estados Unidos ha logrado imponer su tesis de que no conviene crear nuevos organismos y supervisores internacionales, al contrario de lo que defendía Europa. Y que nadie juegue con la idea de limitar los obscenos sueldos de los directivos. Que nadie ose atentar contra el libre mercado. Que cada país se endeude hasta el infinito y multiplique las medidas de estímulo fiscal a las compañías. Así el dinero volverá a fluir por el sistema para iniciar otro ciclo milagroso de multiplicación de panes y peces, hasta que la siguiente hostia llegue en otros cuantos años. Mientras tanto, EEUU, Europa y los suyos adoptarán la receta que saben de memoria: unos cientos de miles de despidos –Citigroup, el mayor banco del mundo, ha anunciado que pone en la calle a 50.000–, congelación de los salarios, empobrecimiento del estado del bienestar y flexibilización del mercado laboral.

El sistema parece que hace aguas, víctima de sus inherentes excesos, pero los países que dirigen el cotarro se cuidan bien de cuestionar, aunque sea sólo un poquito, sus pilares. Es un anatema poner sobre la mesa el reparto más equitativo de la riqueza en el mundo, el problema capital de todos: el número de millonarios suma la decena; el número de pobres alcanza los 2.000 millones. Y es un sacrilegio despejar la ecuación que no cuadra: ¿a dónde van las galácticas plusvalías empresariales? ExxonMobile ha declarado los mayores beneficios en la historia de una compañía en Estados Unidos, y en España, el desamparado sector bancario, no le va a la zaga. En los nueve primeros mese del año, el BBVA obtuvo un beneficio neto de 4.501 millones de euros entre enero y septiembre de 2008, un 5,4% menos que en 2007.

Alfredo Sáenz, mano derecha de Emilio Botín en el Santander, ha anunciado por su parte: "Es alcanzable que cerremos el año con 10.000 millones de beneficios". Eso sí, Sáenz no es partidario de se publique el nombre de las entidades que van a recibir las ayudas del Gobierno porque, a su juicio, tiene un efecto "reputacional" negativo sobre ellas. Es decir, los avales que el Estado concederá a la banca en 2008 y 2009, a razón de un tope máximo de 100.000 millones de euros cada año, deberían ser opacos como una cuenta en un banco suizo. El Estado, además de dar el servicio, pone la cama y el dinero; la juega, se la corren los bancos. Y uno que es un poco zoquete, siempre que oye hablar de la banca se hace la misma pregunta. Por un lado, se considera usureros a los prestamistas que cobran intereses por encima del 25%. Mientras, si un ciudadano creyente pide un crédito para una casa, digamos a 30 años, y acaba pagando el valor del inmueble y, aproximadamente, el 90% de un segundo piso, a todos les parece una maravilla. Debe de ser que cuando te acercas al 100% del nivel de usura, pasas de criminal a motor de la economía...

Cuentos chinos, cuentas trampa

“Un exceso de expansión del crédito puede permitir al sistema capitalista vender más mercancías temporalmente de lo que podrían comprar la suma de los ingresos reales creados en la producción actual y los ahorros pasados (…) Pero a largo plazo, las deudas deben ser pagadas (…) Dado que estas deudas no pueden ser pagados automáticamente mediante la ampliación de la producción y los ingresos, el capitalismo está destinado a una Krach” (un crash).

El errado visionario, pero excelente analista, Karl Marx ya hablaba en el siglo XIX de la huida hacia delante del capital para engordar las alforjas, y preveía un crack futuro del sistema. El capitalismo no acabará devorándose así mismo como predecía el filósofo alemán –el sistema es un astuto camaleón que, por muchos golpes que recibe, siempre encontrará la forma de mutar para seguir vendiendo humo–, pero su respiración enfermiza es calcada a la que dibujó el barbudo Marx.

Se trata de hinchar las burbujas, multiplicar el valor de un producto sin ninguna base real, sobredimensionar su precio y especular con su valor futuro. Los huevos de oro de la cita marxista que abre esta entrada, unos hermosos Kinder de chocolate que, cuando se desenvuelven, se quedan en huevas enanas de anguila, pero que mueven la caldera del tren del neocapitalismo. Para muestra, dos botones. En Estados Unidos, el mercado de valores es mas grande que su economía: el capital en bolsa y renta fija bursátil representa el 122 por ciento del PIB, mientras que en España, el 90%. Y en Estados Unidos uno de cada tres habitantes invierte en sociedades de inversión (uno de cada cinco en España).

En su estupendo blog Multiplícate por cero, del diario Público, la periodista Amparo Estrada ha descrito mejor que nadie una de las siniestras paradojas que alimentan el sistema. La creación de valor desorbitado en los mercados bursátiles, basados básicamente en la especulación y en la maximización de plusvalías a corto plazo, coincide con el hundimiento del poder adquisitivo del trabajador, precisamente, quien produce los productos.

El caso del inversor: el Ibex 35 nació en enero de 1992. En octubre de ese mismo año (elijo octubre para comparar con octubre de 2008) se registró su cotización histórica más baja en promedio mensual: 1.873 puntos. En octubre de 2007, el índice alcanzaba los 15.890 puntos. Es decir, quien metió 100.000 pesetas en la bolsa española en 1992, en su punto más bajo, quince años más tarde tenía 748.000 pesetas (olvidémonos del euro para mantener la comparación). Pero el viernes pasado, en octubre de 2008, esas 748.000 pesetas, con el Ibex desmoronado en los 8.997 puntos, se habían convertido en 380.000. O sea, que el inversor ha perdido en un año 368.000 pesetas, pero ha ganado 380.000 respecto a 1992 (sin descontar la inflación).

El caso del asalariado: en octubre de 1992, el mismo mes de menor nivel histórico el Ibex 35, supongamos un sueldo mensual de 100.000 pesetas. En octubre de 2008, el mismo mes de la mayor caída bursátil jamás habida, su sueldo es de 162.500 pesetas si le ha subido el salario conforme a la inflación acumulada desde 1992, dado que el IPC es la referencia de la mayor parte de los convenios.

Es decir, el valor de las empresas para las que trabajan esos asalariados subió un 748% –al 50% anual– entre 1992 y 2007–. Y en octubre de 2008 la tasa se ha reducido de golpe al 380% –el 24% anual (debe ser duro)–. En esos mismos períodos, los sueldos subieron un 58,6% hasta 2007 y un 62,5% hasta 2008. A pesar del tremendo batacazo bursátil, el valor en bolsa ha subido seis veces más que el sueldo.

La pavorosa crisis de la que nuestros gobernantes nos alertan mañana, tarde y noche, es una nueva patraña para seguir esquilmando al trabajador. El único problema que pasa aquí es que las descomunales plusvalías del capital financiero han sufrido un parón, y los jefes del chiringuito quieren que papá Estado les eche una mano para evitar contentarse sólo con beneficios en base a la economía real. Ante tamaño atraco a mano armada, sólo queda la desobediencia civil-financiera a lo Gandhi. A saber: transitar ligero por la vida, sin hipotecas inmobiliarias, letras del coche y deudas de todo tipo. Si se apura, tirar a la basura las tarjetas de crédito y quedarse con una de débito para sacar del cajero. Abolir la mentalidad de propietario y disfrutar de la vida, los viajes y las buenas cenas.

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Faemino y Cansado* Duo célebre de humoristas españoles.